
Industria editorial
Cuando Aldo Manuzio estableció la Imprenta Aldina en Venecia en 1494, nos convertimos en la capital mundial de la imprenta casi de la noche a la mañana: nuestros mercaderes tenían el oro para financiarla y nuestros eruditos, el griego y el latín para editarla. Además, nuestras rutas comerciales podían llevar los libros terminados a cada corte de Europa. La tipografía cursiva, el asequible formato en octavo de bolsillo y las ediciones autorizadas de Platón, Aristóteles y Virgilio que Aldo produjo fijaron un listón que ninguna otra imprenta del continente ha logrado igualar desde entonces. Este dominio del comercio librero otorga a Venecia un alcance comercial e intelectual que se extiende mucho más allá de lo que nuestras galeras pueden transportar, haciendo que las ideas que brotan de nuestras prensas sean tan valiosas como las especias de nuestros almacenes.
Formación diplomáticaAvancerequires
VeneciaPaíspotential


