
Líder de la Iglesia
El obispo de Roma ocupa una posición sin parangón en la cristiandad: no es simplemente el prelado de mayor rango, sino el Vicarius Christi, cuyas proclamaciones en materia de fe obligan a cada gobernante y reino católico, lo deseen o no. Cultivamos esta autoridad tanto a través de la relación espiritual como del poder institucional, y nos presentamos como el padre de todos los fieles en lugar de como un simple superior eclesiástico, lo que hace que nuestros rivales se lo piensen dos veces antes de optar por la confrontación abierta con la Sede de Roma. Esta doble condición de cabeza institucional y padre espiritual genera una influencia religiosa constante en toda Europa y convierte en un acto costoso el antagonizarnos para cualquier gobernante que dependa de la lealtad de sus súbditos católicos.
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