
Uffizi
El encargo de los Uffizi como corazón administrativo de nuestro nuevo gran ducado crea no solo una sede de gobierno, sino un escenario para nuestro poder; su largo corredor pronto estará guarnecido de antigüedades, esculturas y lienzos que proclamarán a la dinastía de nuestro soberano como maestra tanto de la gobernanza como de la belleza. Al otro lado de la ciudad, estamos estableciendo un taller secreto en el Palazzo Vecchio, donde alquimistas y artesanos perfeccionan una porcelana de pasta blanda: la primera producida en Europa, que rivaliza con las preciosas lozas importadas a gran coste desde China. Estos dos logros de la administración y la ambición artesanal marcan el apogeo de nuestro mecenazgo, y anuncian a cada corte de la cristiandad que la Toscana, bajo los grandes duques, es tanto un centro de refinamiento como de poder.

