Acontecimiento
El comportamiento incontrolable de la guardia de los Corsos

Nuestra fuerza protectora de élite se ha convertido en una fuente de constante descontento en Capital. Los miembros de la guardia de los Corsos provocan cada vez más disputas violentas, no solo entre ellos mismos, sino también con otras unidades militares e incluso civiles. Se acumulan los informes de duelos urbanos, enemistades mortales y agresión sin control, y varias zonas de Capital se han convertido en auténticos campos de batalla. Los ciudadanos viven con miedo constante y hasta los miembros de la Iglesia temen recorrer las calles de noche. Muchos afirman que estos hombres han dejado de sernos útiles.
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2381historical_info = flavor_pap.39.historical_info A mediados del siglo XVII, la guardia corsa se volvió tristemente célebre por su comportamiento incontrolable. Su fuerte sentido del orgullo y la lealtad provocaba disputas frecuentes, que a menudo escalaban a altercados violentos con otras facciones de Roma. Uno de los incidentes más famosos se produjo en 1662, cuando una disputa de la guardia corsa con la escolta del embajador francés condujo a un escándalo internacional. La indignación diplomática resultante, combinada con su continuo comportamiento imprudente, forzó el papa Alejandro VII a disolver la guardia corsa en 1662.
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