Ya han pasado algunos años desde que nuestros antepasados se sacudieron el yugo de nuestros antiguos soberanos en Azcapotzalco y expandieron su influencia por las ciudades-Estado vecinas. Desde entonces, el poder de nuestro pueblo ha crecido significativamente y en la actualidad nuestro Estado controla lugares clave del valle de México. Las ciudades-Estado que dominamos aún recuerdan que todos éramos iguales no hace tanto y es incierto hasta qué punto podemos confiar en su lealtad. Como es tarea de todo gobernante construir una nueva etapa de la Gran Pirámide de Tenōchtitlan, tenemos una excelente oportunidad para probar la lealtad de nuestros súbditos. Cualquier ciudad súbdita que contribuya al proyecto estará demasiado preocupada como para rebelarse y cualquiera que se niegue habrá demostrado su debilidad y podrá ser castigada.
5title = flavor_azt.70.titleLa Gran Pirámide de Tenōchtitlan
6desc = flavor_azt.70.descYa han pasado algunos años desde que nuestros antepasados se sacudieron el yugo de nuestros antiguos soberanos en Azcapotzalco y expandieron su influencia por las ciudades-Estado vecinas. Desde entonces, el poder de nuestro pueblo ha crecido significativamente y en la actualidad nuestro Estado controla lugares clave del valle de México. Las ciudades-Estado que dominamos aún recuerdan que todos éramos iguales no hace tanto y es incierto hasta qué punto podemos confiar en su lealtad. Como es tarea de todo gobernante construir una nueva etapa de la Gran Pirámide de Tenōchtitlan, tenemos una excelente oportunidad para probar la lealtad de nuestros súbditos. Cualquier ciudad súbdita que contribuya al proyecto estará demasiado preocupada como para rebelarse y cualquiera que se niegue habrá demostrado su debilidad y podrá ser castigada.
7outcome = neutral
8historical_info = flavor_azt.70.historical_infoEn el centro de Tenochtitlán, el Huey teocalli se alza como un símbolo imponente de la devoción y el poder de los mexicas. Construido por fases a partir del siglo XIV, posee una escalinata doble que conduce a dos templos diferenciados: uno para Huitzilopochtli, dios de la guerra, y otro para Tláloc, dios de la lluvia y la fertilidad. Cerca se encuentra un santuario a Ehécatl, el dios del viento. El templo se convertiría en un rasgo imponente del corazón sagrado de la ciudad, donde los sacerdotes ejecutarían sacrificios y ceremonias para sostener el orden cósmico.